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Explosiones emocionales, un suicidio en el entorno laboral
José María Garteiz | 26 mayo 2012 descargar: explosiones emocionales un suicidio en el entorno de trabajo

En esta vida hay muchas personas agradables con las que da gusto trabajar y con quienes podemos colaborar para sacar adelante iniciativas complejas; pero también es cierto que existe el polo contrario, es decir, personas que parecen tener un único objetivo en esta vida: amargarte la existencia a toda costa. Si no sabemos gestionar correctamente nuestras emociones, estas personas pueden poner en riesgo nuestro puesto de trabajo, ya que pueden conseguir que estallemos en el momento más inoportuno.

A lo largo de nuestra carrera profesional son muchas las ocasiones en las que tenemos que cooperar con otras personas para sacar adelante un proyecto. En la mayoría de ellas no hay una selección previa de personal, sino que los integrantes del grupo vienen impuestos por el departamento de personal o por el propio cliente. Por tanto, las personalidades que nos podemos llegar a encontrar en dicho colectivo pueden llegar a ser de lo más variopintas.

Dentro de este elento de personalidades nos podemos encontrar con aquellas con las que conectamos casi inmediatamente, son casi como almas gemelas con las que hemos compartido media vida y con sólo una mirada sabemos lo que quiere. También nos podemos encontrar con aquellas un poco más introvertidas y cuya confianza nos resultará más complicada de ganar, pero al final se abren como las flores al llegar la mañana. Y luego están las personalidades que, independientemente de lo que hagamos, no conseguiremos conectar con ellas a menos que salgamos del proyecto. Y son estas últimas las que nos pueden arruinar el día, así que hablemos un poco más de ellas.

Una persona puede modificar su comportamiento habitual y hacerlo más negativo por diversas razones. Una de estas razones puede ser: la envidia. La envidia no es mas que el deseo de algo que no se posee. Y por tanto, este sentimiento puede venir provocado por la imagen del otro, por sus compañías, por su recorrido profesional, o por la forma positiva en que trata al resto de compañeros. Puesto que es un sentimiento provocado por aquello que no poseo, la envidia también puede surgir como respuesta a la pérdida de unos privilegios que había adquirido con el tiempo y que, ahora, he perdido. Algo similar a lo que les ocurre a algunos niños cuando nace su nuevo hermanito.

Otro de los factores que puede hacer que se active un comportamiento negativo en las personas es: el miedo. Si, el miedo puede inmovilizarnos, paralizarnos de tal forma que nos permita mimetizarnos con nuestro entorno para que el depredador no nos vea y siga su camino; pero también nos puede volver más agresivos frente a aquello que nosotros entendemos como una amenaza. Y la amenaza, en nuestro caso, puede ser ese compañero de trabajo que nos puede quitar nuestro ascenso, o por el cual podríamos perder nuestro trabajo. ¿Y qué hacemos si no sabemos gestionar nuestras emociones? ¡Atacamos!

Bien, ya conocemos algunas de las razones por las que la otra persona puede cambiar su comportamiento y hacernos la vida un poco más complicada; pero ¿cómo reaccionamos nosotros? ¿Sabemos gestionar las emociones en este tipo de situaciones?

La primera vez que nos ocurre algo de este tipo es muy posible que nos sorprenda. Incluso es posible que lo dejemos pasar, que no le demos importancia, o que lo tratemos como una chiquillada que no volverá a pasar. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, vuelve a ocurrir ¿y qué hacemos entonces?

Las personas cuya autoestima se encuentra por los suelos es muy probable que no hagan nada al respecto. Inicialmente se pueden sentir sorprendidas, incluso perplejas por la actitud de la otra persona hacia ellas, pero se quedarán impasibles. La falta de confianza en sí mismas evitará que puedan tomar cualquier resolución para atajar el problema. En el mejor de los casos se juntarán un día con sus amigos más allegados y realizarán una terapia grupal para desahogarse y quitarse esa carga que las viene aplastando el pecho durante las últimas semanas.

Así, el sentimiento de rabia hacia la otra persona seguirá aumentando de manera exponencial. Con el transcurso del tiempo es posible que esta situación nos pueda llegar a generar una depresión y no queramos ir a trabajar. Pero también puede suceder que, un día, tengamos las fuerzas necesarias para levantarnos de la silla y decirle cuatro cosas a ese individuo. Cuatro cosas que pueden salir de nuestra boca de forma descontrolada y con consecuencias muy graves.

Llegados a este punto deberíamos diferenciar dos tipo de personas que pueden llegar a tener este tipo de explosión emocional. Por un lado estarían aquellas personas a las que llamaremos suicidas, masoquistas que no dudan en lanzar al aire todo tipo de comentarios con el único fin de ser despedidos. Lo único que desean estas personas es ser castigadas por su superior, porque en el fondo gozan siendo maltratadas por la otra persona. A estas personas no las importa las consecuencias que sus acciones puedan tener sobre su carrera profesional.

En el lado opuesto están las personas a quienes les importa su carrera profesional pero quienes han ido acumulando una carga emocional de tal magnitud que tiende a explotar en el momento más inoportuno, arruinando de esta forma todo lo creado hasta el momento. Estas personas no gozan con la humillación, sino que desean el respeto de sus compañeros y superiores, pero es la ausencia de autoestima en ellas lo que las lleva a este punto de no retorno.

Si bien las primeras son kamikazes que arriesgan de forma temeraria su carrera profesional, y poco puede hacerse por ellas, las segundas pueden salvarse de la quema si desarrollan su habilidad para gestionar sus emociones, si desarrollan su autoestima y comienzan a quererse un poco más a sí mismas.

Por el contrario, las personas con la autoestima más alta tomarán cartas en el asunto para evitar que la cosa vaya a mayores. Para ello marcarán sus límites personales, es decir, le dirán de forma asertiva a la otra persona lo que les parece bien y lo que nos les parece tan adecuado de su comportamiento. Incluso les podrán decir cómo se han sentido al ser tratadas de esa forma. En el mejor de los casos podrán analizar qué les ha llevado a esa situación y cómo llegar a un entendimiento sin que para ello esté en juego su puesto de trabajo.

Es importante recordar que todas las personas tienen sus límites. Si no sabemos cuáles son nuestros límites tendremos que buscarlos, ya que la ausencia de fronteras puede hacer que personas sin escrúpulos se aprovechen de la situación y nos aprieten las tuercas hasta que no podamos más y estallemos emocionalmente. De ahí la importancia que tiene la autoestima. Sin ella no seremos capaces de levantar una brizna de hierba, y mucho menos de defendernos de los ataques de los demás. Desarrollemos por tanto nuestra autoestima para poder tener un lugar dentro y fuera de la empresa.

Una vez hayamos fortalecido nuestra autoestima, desarrollemos nuestra habilidad para escuchar al otro, para averiguar qué le ocurre, así como para decir las cosas de forma asertiva. El marcar nuestros límites evitará que la gente se aproveche de nosotros y nos permitirá colaborar con el otro desde nuestra posición.

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